RHOY nace inspirada en la sabiduría de las culturas orientales, que concebían el tiempo de forma muy distinta a como lo entendemos hoy. Para nuestros antepasados, el tiempo no era una línea recta que avanza sin mirar atrás, sino un ciclo constante. El tiempo era circular.

 

Las estaciones regresaban, una tras otra, fieles a su curso. Las estrellas retomaban sus posiciones en el cielo, como si danzaran eternamente en el mismo compás. Todo era un continuo ir y venir.

Pero lo más fascinante de esta visión no es lo que vuelve, sino lo que cambia cada vez que regresa.

 

Porque aunque el tiempo vuelva al mismo punto, nada es igual.

Cada retorno trae consigo transformación.

Ahí es donde reside el verdadero significado del tiempo: en lo que se transforma cuando todo parece repetirse.

 

Si los buenos tiempos se fueron, tarde o temprano volverán…

Porque el reloj siempre gira.

Y como dijo Heráclito, hace más de 2.500 años:

 

“No es posible bañarse dos veces en el mismo río, porque no es el mismo río y él no es el mismo hombre.”

 

En RHOY creemos que el cambio no solo es inevitable… es esencial.

Todo fluye. Todo vuelve. Pero nada vuelve igual.